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Sato:
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Siempre volvía a casa en el mismo tren que el señor Eno después de las reuniones periódicas y me pasé una semana buscando un tema interesante de conversación. Había ido a ver un espectáculo de David Copperfield por aquel entonces y el platillo volante que lanza se dirigió hacia donde yo estaba y tuve que subirme al escenario. Pensé que era una anécdota bastante interesante, pero el señor Eno la superó. Al parecer, había ido al siguiente espectáculo de David Copperfield y su hijo había tenido que subir al escenario. Cuando me lo contó, me quedé chafado. (Ríe)
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Eno:
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David Copperfield eligió a mi hijo para que le ayudara con su truco de magia y la verdad es que no había estado tan preocupado por él en toda mi vida. Mientras veía el número, pensaba: "¿Va a hacer desaparecer a mi hijo?". (Ríe)
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P:
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¿Y qué pasó con su hijo después de aquello?
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Eno:
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Su labor consistía en no perder un objeto de vista. Era una labor muy importante, pero no tuvo que participar en la parte mágica en sí. Fue un poco decepcionante porque yo esperaba mucho de aquello.
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P:
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No hay duda de que adora la magia, ¿verdad?
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Eno:
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Especialmente los números de David Copperfield. Voy a verlo cada vez que actúa y al final, siempre me hace llorar. El modo en que deja al público impresionado y le hace sonreír me parece increíble. A diferencia de las películas, sus espectáculos tienen un elemento interactivo y actúa de tal manera que te hace sentir que es posible que te toque subir al escenario en cualquier momento, lo cual añade un toque de emoción a la mezcla. Como creador de juegos, quiero sorprender al público y hacerlo reír y sentir emoción. Quiero aprovechar al máximo todo el proceso, que se disfrute no solo el juego, sino todo el proceso: desde que oyes los primeros comentarios hasta el día en que lo compras. Quiero que los jugadores sientan alegría y emoción cuando vayan a jugar a casa de un amigo. Esa es la clase de videojuegos que quiero hacer.
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